El ejercicio del funeral

Para realizar este ejercicio te voy a pedir que tras leer las instrucciones, visualices toda la escena lo más detallada posible con los ojos cerrados una vez lo hayas leído para poder responder a las cuestiones del final.

Comencemos…

Imagínate por un momento que vas por la calle. Cruzas un paso de cebra con el semáforo en verde, pero un conductor alocado se salta el luminoso y… En ese momento sientes un fuerte golpe; ni siquiera lo has visto venir. En décimas de segundo tu cuerpo es lanzado por los aires. Ni siquiera sientes dolor. Ni el del golpe contra la chapa del vehículo. Ni el de tus vértebras estallando en un terrible crujido contra el asfalto. No, no has sentido dolor. Porque estás muerto.

De repente, abres los ojos. ¿Dónde estoy? Te preguntas algo confuso. Y al instante lo comprendes todo. Ahí está tu cuerpo. Tu cabeza es una masa informe cuyo rostro, ni siquiera tú, reconoces.  El conductor homicida luce desesperado. Ya hay muchísima gente alrededor. Ya eres consciente de tu situación: son los ojos del alma los que te permiten observar la aterradora escena.

Todo sucede a gran velocidad. La llegada de la policía. Tus seres más queridos llorando al recibir la horrible noticia de la tragedia. La soledad en la sala refrigerada del tanatorio. Y llega el momento de tu funeral.

Tu propio funeral.

Observas tu propio funeral. Contemplas a la gente que ha acudido a despedirse de ti.

¿Quién iría a tu funeral?
¿Quién iría a tu funeral?

Y ahora es entonces cuando yo te pregunto…

  1. ¿Quiénes estarían en tu funeral?
  2. ¿Quiénes te gustaría que estuviesen en tu funeral? ¿Por qué?
  3. ¿Qué dirían todas esas personas de ti?
  4. ¿Qué te gustaría que dijesen de ti?

Piensa en estas cuatro preguntas y responde por escrito a dichas cuestiones…

Sara Oneca De Miguel
Psicóloga Sanitaria Colegiada N-01642

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